martes, 1 de octubre de 2013

Seguir o no seguir la moda , esa es la cuestión.

     Llegan los fríos y con ellos una nueva tendencia en abrigos que dura casi tanto como el invierno. Asoma el veranito y trae a su lado nuevos trajes de baños, se imponen nuevos colores y se destacan las faldas a media pierna –las minifaldas han caído en desgracia en esta temporada –. Y así podríamos continuar con cada estación, porque la moda es rebelde y cuando ya la tienes instalada en tu placard, zas! Se acabó.
     Y la pregunta siempre es la misma: ¿hay que seguir a la moda? Pues a esto, ni un sí ni un no. En este punto, podemos abrir las aguas en dos, de un lado está la cuestión personal, íntima e individual y, por el otro, lo social.
     La indumentaria, por los siglos de los siglos, ha ido de la mano de los cambios sociales, fue representante de grandes monarquías, personalidades históricas, héroes y demás. Porque la moda distingue a unos de otros. “Estar a la moda” como se suele escuchar, implicaría en muchas ocasiones, la pertenencia: a una elite, al grupo de las juveniles muchachitas audaces, al de la señora “de su casa”...
     Pero lo cierto es que no tod@s quieren pertenecer, porque a veces somos más rebeldes que la propia moda. Los grandes diseñadores marcan tendencias acerca de lo que se debe usar en cada temporada, pero detrás de eso, hay estilos propios, gustos personales, cuerpos y mentes que aceptan o rechazan lo impuesto con el mejor argumento que existe: el criterio personal.
     Entonces, tomar la moda como una imposición no es garantía de pertenencia pero mucho menos de buen gusto, pues si no te queda, no te queda. Mujeres y hombres, gentes del mundo, armen su propia moda, tomen un poquito de aquí, otro de allí y que reluzcan sus personalidades.
     Y mientras estas líneas se acaban, ya está empujando una nueva moda para la próxima temporada. Habrá que ver de qué se trata. 


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