Llegan
los fríos y con ellos una nueva tendencia en abrigos que dura casi tanto como
el invierno. Asoma el veranito y trae a su lado nuevos trajes de baños, se
imponen nuevos colores y se destacan las faldas a media pierna –las minifaldas
han caído en desgracia en esta temporada –. Y así podríamos continuar con cada
estación, porque la moda es rebelde y cuando ya la tienes instalada en tu
placard, zas! Se acabó.
Y la
pregunta siempre es la misma: ¿hay que seguir a la moda? Pues a esto, ni un sí
ni un no. En este punto, podemos abrir las aguas en dos, de un lado está la
cuestión personal, íntima e individual y, por el otro, lo social.
La
indumentaria, por los siglos de los siglos, ha ido de la mano de los cambios
sociales, fue representante de grandes monarquías, personalidades históricas,
héroes y demás. Porque la moda distingue a unos de otros. “Estar a la moda”
como se suele escuchar, implicaría en muchas ocasiones, la pertenencia: a una
elite, al grupo de las juveniles muchachitas audaces, al de la señora “de su
casa”...
Pero
lo cierto es que no tod@s quieren pertenecer, porque a veces somos más rebeldes
que la propia moda. Los grandes diseñadores marcan tendencias acerca de lo que
se debe usar en cada temporada, pero detrás de eso, hay estilos propios, gustos
personales, cuerpos y mentes que aceptan o rechazan lo impuesto con el mejor
argumento que existe: el criterio personal.
Entonces,
tomar la moda como una imposición no es garantía de pertenencia pero mucho
menos de buen gusto, pues si no te queda, no te queda. Mujeres y hombres, gentes del mundo, armen
su propia moda, tomen un poquito de aquí, otro de allí y que reluzcan sus
personalidades.
Y
mientras estas líneas se acaban, ya está empujando una nueva moda para la
próxima temporada. Habrá que ver de qué se trata.

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