Lo coincidente,
nunca, absolutamente jamás, es lo que se necesita. Coinciden los colores, los
modelos, los signos zodiacales... pero nunca la talla que busco del sostén con
la de la bombacha. Porque la ley parece ser así: cuando la parte de abajo queda
“pintada”, la de arriba “baila” o se “queja”. Vaya! Al parecer, que el corpiño (sostén)
y la bombacha (bragas) te queden bien, es como pedir que la comida esté lista cuando
los invitados lleguen o que tu ex te
encuentre a la salida del salón de belleza y no antes.
Estimadísimos
fabricantes de ropa interior, he aquí mi misiva. Si pudieran entender que la estadística
indica que sólo un porcentaje ínfimo de mujeres bellas tienen al mismo tiempo
una delantera imponente y un trasero proporcional a esas medidas, sería ello un gran avance. El resto,
queridos fabricantes, contamos con pequeños desajustes métricos, tal es el caso
de quien suscribe a este pedido, a quien la pequeñez de arriba no iguala ni empata
al tamaño de las caderas –que, por si no quedó claro, duplica la talla
requerida en el conjunto de ropa interior –.
Por suerte,
una parte de los comerciantes a veces te permiten traficar prendas de un
conjunto a otro, así es que en mis cajones nada combina con nada, pero por lo
menos, sirven a su fin: levantan, sostienen, (agrandan), cubren , muestran, (la
cintura alta, aplasta), y algo más.
No hablemos
de modelos –eso queda para otro grito –, por lo pronto continúo comprando ropa
interior huérfana, buscando aunque más no fuera que coincida el precio (el
precio que considera el vendedor, con el que considera mi mensualidad). Eso sí
que sería una linda coincidencia.
Voz y producción de la chicafrontal, colaboradora ya casi permanente de este blog.




