Hoy no tengo nada que ponerme
Que levante la mano quien no haya
pronunciado esta sentencia casi a muerte: “no tengo nada para ponerme”. Y que
levante también la mano quien no haya exagerado ni un décimo al decirla, porque cuando se
pronuncia, en el instante mismo de enunciación, no hay nada que ponerse. Sería
bueno que quienes sean los afortunados oyentes de esta proclamación o pedido
desesperado de ayuda llegaran a comprender en algún momento lo que
verdaderamente implica el sentido de la frase.
Imaginemos una situación X: estás en
el sillón de tu casa, twiteando lo que
aún no hiciste pero que la sola publicación te obligará a hacerlo por si algún
entrometido decide preguntarte más tarde, cuando de pronto, cae mensaje inbox de Facebook. Invitación. En una hora pasan a buscarte. Le dices que el timbre no
funciona. Y arranca una carrera desesperada por llegar: no estás depilada, pero por lo menos te
bañaste. Mientras, cae la arena –eso si tuvieras un reloj de arena –. Y como si tuvieras
que ganar una competencia, sacas ropa del placard, sacassacassacassacas como una
retroescavadora. Nada. Porque señores y señoras, cuando elegimos lo que llevamos encima, el resto
debería saber que previamente se tuvo en cuenta algunos pocos factores, válidos y entendibles, entre ellos:
- la temperatura y la posibilidad de que cambie en el trascurso de la salida (si hace frío o calor, no hay problema, lo complicado son los "ni" que te hacen llevar el "por las dudas")
- lugar al que se asiste (no es lo mismo un museo que una despedida de solteras, aunque en este último se puede jugar a las estatuas),
- asistentes al lugar que asistirás (posible futuro novio, actual ex novio o, jefe y posible novio),
- hora y duración (¿tomar el té o hasta la hora del té del próximo día?),
- si vas en auto o caminando o ambas( no da para minifalda pero tampoco para el estilo monja),
- las prendas sucias y las limpias, y como corolario las combinaciones posibles entre las prendas limpias (una alquimia pocas veces posible) ,
- si se está depilada (esto restringe bastante la elección salvo que sea fiesta de disfraces: King Kong o cualquiera de sus colegas de la selva van muy bien),
- y finalmente que lo poco que queda dentro del círculo, realmente te haga ver como quieres.
Así que quienes aún consideren que la
frase es una exageración, la próxima vez que se escuche “no tengo nada para
ponerme” (y sus variantes), tómense un tiempo para reflexionar sobre lo
traumático de la situación y sepan que con un buen grito a tiempo, también se ayuda bastante a salir del trance.
chicafrontal
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