Pocas cosas generan la misma satisfacción que te da encontrar en esa tiendita a la que te negabas a entrar, LA camiseta, short, o
lo que fuera que andabas a la caza desde temprano. Más aún si lo que buscas tiene la urgencia de encontrarlo antes
de “X” hora, porque piensas ponértelo.
Y ahí está. En ese perchero que nada
tiene que ver con tu gusto y estilo pero tampoco te preguntas qué hace allí,
porque no hay tiempo. La ves. Es una
falda. Preciosa. Color indicado, largo perfecto, textura deseada, talle...
TALLE. Preguntas a la vendedora si no hay en toda esa tiendita a la que te
negabas a entrar otra falda igual –igual no, de otro talle –. La respuesta, la
esperada. Es la única. Decidida, muy
decida, lo intentas. Me la voy a probar.
Y sucede lo inexplicable de siempre:
el probador no es UN probador. En este caso, es apenas un cuadrado, poco
iluminado, con el espejo a unos veinte centímetros de tu cuerpo –que te permite
ver que ya es hora de depilarte de nuevo, aunque, repito, tiene poca luz –. Porque
la regla del probador es así: a prenda ajustada y difícil de poner (léase
jeans, faldas, poleras), más pequeño será.
No te importa, la falda espera por tu
cuerpo. Y tu cuerpo, por una fiesta (a la que posiblemente asista tu ex, lo que
significa... bueno, no hace falta explicarlo). Te miras de cuerpo entero y comienza
la batalla. Primero, sacarte todo lo que llevas puesto. Todo: porque aunque te
pruebes una falda, necesitas quitarte la chaqueta y algo más ante el calor
ingobernable de ese probador. Estilo cebolla, te sacas lo innecesario para el último
paso: la falda. Casi que deberías ser
contorsionista para no abrir la puerta de un empujón con el trasero. Ya está. La
probaste. Te queda “como pintada” (algo que no creías después de semanas de helados y abundantes cenas). Podrías irte con ella si no hubieras llevado
los calcetines con ositos (tan lindos y abrigados para las botas, pero para
falda, ¡nunca!).
Ahora, con la falda puesta, quisieras apretar rewind para salir de allí lo antes posible. Pero no
existe.
Porque las cosas prácticas todavía no se inventaron.
Chicafrontal es colaboradora invitada
a participar de este blog. El relato pertenece a sus “Historias de probador”. Si
te gustó, te sentiste identificada, o te sacó una sonrisa, compártelo.¿Tienes anécdotas en probadores? Si
quieres, puedes dejar tu comentario o sugerencia para los próximos relatos de
chicafrontal.
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